La Vuelta más atrevida: Ni Angliru, ni Asturias… ¡sino 5 veces la cuesta de la Alhambra en una sola etapa!



La Vuelta Ciclista a España 2026 ya tiene recorrido oficial —y qué recorrido—. Presentada en Mónaco, como manda la costumbre ya consolidada, esta edición rompe moldes con una propuesta geográfica inédita: una ruta absolutamente mediterránea que bordea el mar, se adentra en el corazón de la península y, por primera vez desde 2009, omite Asturias, un territorio que durante más de una década fue prácticamente una seña de identidad de la ronda española.

Pero si algo llama la atención de esta Vuelta, más allá de su ausencia en el norte, es la internacionalidad: cuatro países visitados —Mónaco, Francia, Andorra y España— y un despliegue logístico y simbólico que refuerza el carácter global de la prueba. Sin embargo, lo verdaderamente sorprendente no es solo dóndepasa, sino cómo lo hace.

Un recorrido sin clichés… y sin Angliru

Sí, es una Vuelta dura —muy dura—, con más de 58.000 metros de desnivel acumulado, 41 km de cronoindividual y una condensación brutal de etapas decisivas. Pero lo hace sin recurrir a los grandes clásicos del norte: sin Angliru, sin Lagos de Covadonga, sin el pico más icónico de Asturias. En su lugar, la organización ha optado por una narrativa geográfica renovada, audaz, casi cinematográfica.

La carrera arranca con una contrarreloj de 9 km en Mónaco, lo suficientemente exigente como para establecer las primeras diferencias. Luego, etapas en el sur de Francia (Manosque, escenario de la épica victoria en solitario de José Luis Viejo en el Tour de 1976), y una tercera etapa de alta montaña en solo 104 km, con un final en Andorra la Vieja que promete fuegos artificiales: Ordino, La Comella, Coll de Beixalis… un cóctel de puertos conocidos por los corredores locales y técnicamente exigentes.

Y aquí está el matiz clave: no termina en un alto, como es habitual. El final en Andorra es urbano, en plena capital, lo que podría favorecer a los más explosivos… siempre que la fatiga no decida otra cosa.

Andalucía, protagonista absoluta

A partir de la segunda semana, la carrera se instala en Andalucía, y ya no sale. Diez etapas por tierras andaluzas —algo sin precedentes— que van desde Calar Alto (2.100 m) hasta la espectacular Pandera(1.300 m, 4.300 m de desnivel), culminando con dos jornadas que bien podrían decidirlo todo.

La crónica en Jerez de la Frontera (32 km) rememora la épica victoria de Álvaro Pino en 1986, y servirá como antesala para el tapón real: la etapa 19, con salida en Málaga y final en el Collado del Alguacil, en la sierra de Huéjar (Granada). Allí, un puerto hasta ahora casi desconocido se convierte en el summun del esfuerzo: 8 km al 9,2 % de media, con rampas del 21 %, tras haber doblado antes el Purche y las dos subidas a Aznalcázar.

Pero la guinda —y qué guinda— es el final en Granada. No en la Alhambra propiamente dicha (como erróneamente se ha difundido), sino con cuatro vueltas a un exigente circuito urbano que incluye cinco pasajes por un tramo final de 1 km en pleno corazón de la ciudad. Sí, cinco llegadas a meta en cuesta, con las calles repletas de una afición histórica. Un homenaje al estilo del Mont Ventoux o La Planche des Belles Filles, pero con sabor nazarí y atmósfera única.

Participación: Abierta, incierta… y fascinante

Con la anulación del final en Canarias —tras la decisión del Cabildo de Gran Canaria de retirar el apoyo por el conflicto con el equipo israelí, justo antes de la desaparición de dicho equipo—, la organización reaccionó con agilidad y creatividad. El nuevo final en Granada no es un plan B: es un plan A+.

En cuanto a los nombres, la incógnita sigue abierta —faltan nueve meses—, pero hay pistas:

  • Primož Roglič, con la quinta Vuelta como objetivo, buscará hacer historia… aunque ya no es el Roglič invencible de antaño.
  • João Almeida liderará el UAE en ausencia (probable) de Tadej Pogačar, cuya presencia sigue en el limbo, ligada al desgaste del Tour.
  • Enric Mas ha confirmado la Vuelta como prioridad absoluta de su temporada.
  • Y luego, los españoles: Carlos Rodríguez, Mikel Landa, Juan Ayuso (¿estarán?), Richard Carapaz… incluso una posible aparición de Paul Magnier si su proyecto en el Tour no cuaja.

Sin Pogačar y sin Vingegaard (más que probable en Giro y Tour), la Vuelta se presenta como la más abierta en años, con margen para sorpresas, para héroes emergentes, para ese corredor que se juega todo en una sola baza.

Reflexión final: Menos es más… hasta cierto punto

Lo interesante de este recorrido no es solo su dureza, sino su estructura inteligente. A diferencia de ediciones anteriores que encadenaban múltiples etapas de alta montaña —y donde el desgaste dejaba a muchos sin fuerzas para atacar—, aquí hay una alternancia cuidadosa: montaña, transición, crono, media montaña… un ritmo narrativo que mantiene la tensión sin anularla por fatiga acumulada.

Y esta Vuelta, amigos, promete pedaleo, sudor, dudas, ataques en el último kilómetro y una emoción que no se apagará ni al cruzar la meta en Granada. Porque al final, como siempre, el recorrido es el escenario, pero son los corredores quienes escriben la historia.

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